El tejido y su historia

Durante mucho tiempo La Ligua creció convencida de que el origen del tejido provenía de tiempos remotos; muy anteriores a los años de los bisabuelos de los más ancianos de la Ciudad, pero todo conocimiento verdadero se enreda con lo legendario.

  • Época prehispanica

    Corría la voz de que lo que habría originado lo textil era un hecho no probado, pero si favorito de la mayoría: El tejido fue enseñado por los Incas. Algunos ejemplos de eso son los que evidencian ciertos trabajos antiguos de investigación que no contaban con respaldo empírico alguno, es decir, no contaban con respaldos historiográficos ni con respaldos provenientes de hallazgos arqueológicos.

    Un documento que fue escrito con la intención de dar cuenta de cuáles eran los orígenes del tejido fue Breve reseña histórica de los tejidos de Valle Hermoso y La Ligua, editado por la Asociación de Pequeños Artesanos de Aconcagua en 1964. Dicho documento se realizó por mandato del entonces alcalde don Solano Tapia. Éste ordenó al escritor Rubén Jimeno (tío del ex alcalde don Orlando Rodríguez Jimeno) hacer una investigación sobre el tema. Este logró plasmar las suposiciones que manejaba la gente interesada en los tejidos de aquel tiempo. El documento, en líneas generales, planteaba lo siguiente:

    Cuando los españoles llegaron al Mapocho, hacía unos cincuenta años que el Imperio Incaico había extendido su dominio hacia estas latitudes. Los Quechuas emplearon en lo posible, la conquista pacífica del convencimiento. Solamente los casos de irreductible rechazo, después de hacer infructuosas sus ofertas de técnicas textiles, sus sistemas de agricultura (siembra y regadío) o su religión, que era la de considerar al sol como dios padre lanzaban su bien disciplinado ejército. Había además otro tipo de fiscalización: Los Mitimaes, para controlar las provincias alejadas de la capital y con toda seguridad, dio origen a la fabricación de hilados de lana de vicuña en la zona de La Ligua y que conocemos hasta el presente. Era privilegio imperial, de parientes y de altos dignatarios, usar la lana de vicuña y como extensión ocurriría lo mismo en los mitimaes. Para el pueblo era el pelo de llamo y alpaca.

    Sobre este respecto, el autor señalaba unos párrafos más adelante la siguiente suposición:

    En la región de La Ligua tienen que haber existido unos mitimaes, cuyos jefes por derecho propio, usaban lana de vicuña. Durante la colonia, la siguieron usando los señores y posteriormente los ciudadanos ricachones de la República.

    Así, la difusión de la idea de que los Incas habían iniciado el tejido se comenzó a constituir en un verdadero imaginario colectivo del patrimonio cultural local

  • Los primeros hallazgos en La Ligua criolla

    El tránsito a la Colonia se encuentra un tanto difuso, no hay antecedentes que nos brinden un atisbo de continuidad. Sin embargo, hacia 1861, ya cimentado el período republicano, se hablaba de la legendaria fama que había tenido La Ligua como centro textil hacía unos años atrás, pero no de chalecos, sino que de matas, frazadas, alfombras y pellones, estos últimos eran destinados a la exportación en grandes partidas.

    Ya, hacia el año ya mencionado (1861) el bajo precio que se pagaba por este producto exportado había acabado con su comercialización.

  • La consolidación del tejido en el siglo XX

    El tejido en La Ligua llegó a ser una actividad económica tan importante como la minería o la agricultura. Sin embargo, desde ese entonces en que la producción era masiva hasta entrado el siglo XX el tejido parecía ser en La Ligua una cosa artesanal y pintoresca, no orientada a la gran escala y con un punto de radicación claro: Valle Hermoso, la cuna del tejido.

    Se podría decir que la industria textil tiene cuatro épocas notoriamente marcadas, dentro del siglo XX. Una pequeña época característica que va desde principios de siglo hasta fines de los años ’30, después una época que abarca toda la década de los ’40 hasta principios de la década del ’50, otra época es la que va desde los años ’50 hasta mediados de los ’90 y la última la que va desde el año 1996 al presente.

  • La primera época: La continuidad de las frazadas y mantas

    Hasta finales de los años ’30 todavía la fabricación de tejidos no experimentaba cambios fuertes, la tecnología era la misma de hace cien años atrás: se seguían usando aquellas antiguas máquinas de madera conocidas como telares de peine y pala. a lo artesanal del método había que sumarle que no eran los tejedores los que producían su propia materia prima. Estos dos factores hacían que la elaboración del producto fuera muy costosa en tiempo y también en dinero. La microindustria del tejido entonces se desarrollaba lentamente y sin mayores aspiraciones.

    Clásicos eran, en esos años, los tejidos de ponchos, frazadas y mantas, como en el siglo pasado. Quizás esta producción no era más que el pálido recuerdo de la fértil industria textil de los años pasados y que ahora se mantenía como producción tradicional orientada a la satisfacción de un pobre mercado interno o, simplemente, para tener mercadería para futuros trueques por distintos productos, como era la costumbre en la época de campo.

    El mercado objetivo de ese entonces era sólo local y ocasionalmente turístico. Además, aparecían con frecuencia los compradores santiaguinos quienes luego de comprar, comerciaban a altos precios los productos de Valle Hermoso y La Ligua en la capital.

    Dentro de todo, esta época se mantiene dentro de los ribetes tradicionales, sin que hubiera experimentado demasiados cambios.

  • La segunda época: La llegada de los echarpes y de las grandes empresas

    El tejido comienza a cambiar con la llegada de los echarpes, que causaron furor no sólo dentro sino que también fuera de Valle Hermoso y La Ligua, esta fue la primera avanzada liguana hacia el exterior, reconociéndose de manera más masiva en otros centros urbanos. El echarpe artesanal permitió que La Ligua y Valle Hermoso fueran conocidos como centros textiles. Todavía se usaban los telares manuales de correderas con lisos de peine y palo.

    Pero, sin duda, el hecho quizás más importante fue que a mediados de los año ’40, empieza a nacer una pequeña industria familiar que cambiaría el panorama de los tejidos de la zona. En esos años el matrimonio formado por Aníbal Baltra Mondaca y Rosario del Carmen Tapia Toro decide continuar con la tradición familiar y forman un taller de tejidos en Valle Hermoso. Empezaron a utilizar las mismas técnicas que usaran sus antepasados: los antiguos telares.

    Esta familia piensa que el futuro no debe estar en el entonces reducido y apartado pueblo de Valle Hermoso. La empresa se instala con mayores proyecciones de comercialización. Baltra empezó a introducir los primeros indicios de industrialización del tejido vallehermosino. Con la entrada de la maquinaria y de la especialización de tareas contratadas externamente, pudo reducir los costos e invertir las ganancias, lo que se tradujo en el crecimiento que comenzó a experimentar durante los siguientes años. Es aquí donde se produce el cambio más importante de este segundo período y que da pie para el comienzo del tercero.

  • Tercer período. Nuevos cambios. La industria crece

    Ya corrían los años ’50 y la actividad comenzó a crecer. En La Ligua se disponía de mayor dinero circulante, lo que se reflejó en un estado de bienestar pleno y se tradujo en la percepción de una bonanza económica. Se diversificó la actividad textil a nivel local, había más trabajo y más diseños se podían elegir. Dada la gran cantidad que se vendía afuera, el fenómeno permitió a los habitantes de La Ligua tener una alta movilidad social.

    A esto debe sumársele el hecho de que durante los años ’60 estaba en plena implementación la reforma agraria, y uno de los fenómenos que produjo fue que los campesinos se transformaran en consumidores, siendo un mercado nuevo que los empresarios debían explorar y explotar.

    Por esos años empezaron a aparecer las primeras máquinas rectilíneas, íconos de la nueva era tecnológica que se avecinaba, junto con los avisos observables en los períodos de la época que ofrecían cursos para aprender a usarlas. Según las cifras municipales, llegaron a funcionar hasta 500 máquinas en los distintos talleres y fábricas de Valle Hermoso y La Ligua.

    Viendo que este proceso de masificación textil producía buenos réditos, los tejedores de Valle Hermoso se dieron cuenta de que si seguían enclaustrados en ese sector de difícil acceso nunca lograrían vender tanto como los grandes productores. Así pues, decidieron emigrar en masa a La Ligua. El tejido era una industria promisoria.

    Con el correr del tiempo, nuevas formas de tejido artesanal se desarrollaron y asentaron en la zona. Se introdujeron los primeros telares automáticos de la mano de don Patricio Walls en la Fábrica de Tejidos Pulmahue, que tenían peines y lanzaderas.

    La industria comenzó a consolidarse a través de las familias de tejedores que aparecieron. Los apellidos Redusnante, Cortez, Pérez, Cardoza, Olivares y tantos otros comenzaron a alcanzar un prestigio entre el exigente mercado de entonces.

    Entre 1982 y 1995 La Ligua marcaba un peak de ventas de tejidos nunca antes visto, situación que podía apreciarse directamente en la cantidad de visitantes que llegaban a la Ciudad: 40 buses todos los días repletos de comerciantes y turistas que llegaban a comprar los valorados tejidos.

    Los Baltra ya no estaban solos y otras industrias se mantenían erguidas en similares condiciones y sin mayores problemas. En algún momento la Comuna de La Ligua, que tenía 300 empresas, llegó a contabilizar 1700 empresarios textiles.

Fuente: Historia de La Ligua, Arturo Quezada Torrejón, Darío Aguilera Manzano, Cristian Prado Ballester, Esteban Aguayo Sepúlveda. Ilustre Municipalidad de La Ligua, Museo de La Ligua, Consejo Nacional de la Cultura y de las Artes. Enero de 2007